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La mirada de género que busca Chile en materia de seguridad y salud laboral

La mirada de género que busca Chile en materia de seguridad y salud laboral

Según datos de la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso), durante 2017, la tasa de accidentabilidad laboral en Chile fue del 3,4% (170.063), donde el 32% de esos accidentes correspondieron a mujeres, determinado por la menor participación de las mujeres en el mercado laboral chileno (40% mujeres).

La Mutual de Seguridad CChC junto con el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS) lanzaron el documento “Mujer y Salud en el Trabajo: Una guía para la acción”, donde se comparten experiencias de equidad de género en esta área, además de detallar definiciones como las segregaciones horizontal y vertical (ver recuadro), las condicionantes socioculturales y un “foco de género”

Pero sobretodo, la guía hace énfasis en la importancia de que el tema se considere desde la cabeza de las organizaciones. “La dirección de una empresa debe tomar el liderazgo de la gestión de la prevención de riesgos laborales, el proceso debe desarrollarse con el apoyo técnico del Departamento de Prevención de Riesgos y garantizar la participación equilibrada de mujeres y hombres en todo el proceso, para asegurar su éxito”, dice el texto del documento.

Según Gina Ocqueteau, socia fundadora de Crosscheck, la seguridad laboral con respecto a las mujeres en Chile es aún “regular”. “El seguro contra accidentes y enfermedades profesionales (Ley 16.744), cubre principalmente a la mano de obra asalariada, por lo general masculina, y deja sin protección a quienes trabajan sin un contrato. Las mujeres históricamente hemos realizado una gran cantidad de trabajo no asalariado, que por tanto no está cubierto; comenta Ocqueteau, y agrega: “En seguridad de género en Chile hay mucho que hacer. Las mujeres somos biológica y socio-culturalmente diferentes, y presentamos necesidades distintas. Somos más intuitivas, protectoras y precavidas que los hombres, planificadas y tomadoras de control en situaciones de emergencias”.

Por otro lado, actualmente, un 32% de las mujeres en Chile tiene carrera laboral continua y el 66% de las mujeres que tienen dos o más hijos está fuera del mercado laboral. “Ahora bien, las mujeres que ingresan en el mercado remunerado formal continúan teniendo un rol en el hogar lo que supone una presión para ellas, lo que se ve reflejado en la denominada ‘doble presencia’, dónde las mujeres tienen sistemáticamente resultados son peores en las mujeres que los hombres”, dice Verónica Campino, vicepresidenta de Fundación ChileMujeres.

De acuerdo a la encuesta de uso del tiempo (INE, 2015), las mujeres le dedican mayor tiempo al trabajo no remunerado y de cuidado en todas las categorías ocupacionales. Por ejemplo, una mujer ocupada dedica una media de 5,89 horas al día al trabajo no remunerado y de cuidado frente a 2,74 de un hombre ocupado.

Incluso, muchas empresas realizan prácticas para ayudar a las mujeres con respecto a esta doble presencia. Este es el caso de Microsoft. “Nos preocupamos de hacer posible la realidad del teletrabajo, pues fomentamos una cultura que beneficia los objetivos. Tenemos una modalidad de flexibilidad total. No trabajamos con horarios rígidos y tenemos libertad bajo el principio de #TrabajaDondeQuieras”, explica de Denisse Goldfarb, Directora de Personas en Microsoft Chile.

Otra área de riesgo laboral es sin duda el acoso sexual. Un estudio realizado por Activa research junto a WIN (2018) concluye que el 66% personas cree que en Chile no se respetan los derechos de las mujeres (frente a un 34% que dice que sí), porcentaje que aumenta cuando se hace un zoom en personas trabajadoras: (un 71%), y el 39% de las mujeres dice haber sufrido acoso sexual. “Lo grave de esta situación, si nos centramos en las personas trabajadoras que es lo fundamental, es que el acoso sexual afecta de la salud psicológica (depresión y baja autoestima) y la salud física (trastornos del sueño, baja autoestima, dolores de cabeza, etc.)”, indica Campino.

Según la “Guía para la acción”,, el enfoque de género es una mirada “que nos permite comprender las diferencias que persisten en nuestra sociedad, a partir de los roles asignados a hombres y mujeres”.

Entre sus puntos, el documento detalla dos aspectos fundamentales de segregación que aún están muy presentes en nuestro país:

Segregación horizontal: se refiere a la segregación que existe en torno a las actividades económicas, diferenciadas por roles de género donde predomina uno u otro sexo. Esto incide en el tipo de riesgos y la forma de abordarlos.

Segregación vertical: Se refiere a las brechas y discriminaciones en la ocupación de cargos al interior de una empresa, donde aquellos más importantes son ocupados por hombres, mientras que los cargos con menos reconocimiento y remuneración son ocupados por mujeres. Esto limita la visión de las empresas para prever sus riesgos y generar transformaciones e innovaciones, sobre todo en la manera de proteger a sus trabajadores y promover cambios para su bienestar en seguridad y salud laboral.




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